Hay un momento en el camino de nuestra vida en que encontramos un cruce y de ninguna manera podemos seguir el ejemplo de Judas.
La gran diferencia entre Judas y Pedro fue que Pedro amaba de verdad a Jesús y confiaba en su Misericordia. No sabemos si Judas en algún momento de su vida lo amó pero lo que si sabemos es que no confió en su misericordia. Judas perdió la esperanza, se refugió en si mismo y en su propia historia y aquello le llevó al triste final que hizo. Queremos solo meditar en su vida y aprender de la tragedia que el vivió para evitar también caer nosotros en esa terrible desesperación.
Si tenemos que compararnos con alguien nos sale de forma natural elegir a los grandes personajes de la Escritura. El evangelio en cambio, nos conduce a empezar desde abajo. Es Judas nuestro modelo. No porque tengamos que obrar como el sino porque ya somos así. Cuando entendemos que somos amados tal como somos, es decir como Judas, es cuando comienza un verdadero camino de seguimiento porque comprendemos que no es nuestra acción buena y santa, nuestra fidelidad lo que nos hace ser amados por Dios sino Su Amor fiel es que no permite unirnos a El. Si no experimentamos el amor, no llegamos a ninguna parte. Nuestra tentativa de hacer las cosas por Dios será solo presunción y soberbia. Solo si nos reconocemos en Judas y tocamos la profundidad del mal como Pedro, podemos convertirnos en el discípulo que Jesús amaba.
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